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Manual para montar la tabla de embutidos perfecta

Manual para montar la tabla de embutidos perfecta

Montar una buena tabla no consiste en colocar embutidos, quesos y conservas al azar. Una tabla bien pensada tiene intención: combina sabores, juega con las texturas, respeta un orden lógico y se presenta de forma apetecible desde el primer vistazo. La tabla perfecta debe invitar a probar, compartir y disfrutar sin prisas. Puede ser sencilla o más completa, pero siempre necesita equilibrio.
En Jamonería La Encina lo sabemos bien: una buena tabla no solo se come, también se mira, se comenta y se disfruta alrededor de la mesa. Una tabla de embutidos bien montada puede convertirse en el centro de cualquier comida, cena informal, celebración o aperitivo especial. La clave está en elegir buenos productos, combinarlos con criterio y presentarlos de forma cómoda para que cada persona pueda servirse sin desmontar toda la composición.





Antes de empezar: piensa en el recorrido de sabores
Uno de los errores más habituales al montar una tabla es mezclarlo todo sin criterio. Lo ideal es ordenar los productos de menor a mayor intensidad, para que el paladar pueda disfrutar poco a poco. Conviene empezar por sabores suaves, continuar con productos más curados o sabrosos y dejar para el final los bocados más intensos, como quesos fuertes, embutidos muy curados o conservas con mucho carácter. Un buen orden sería:
1. Quesos suaves
Quesos frescos, tiernos o cremosos. Preparan el paladar sin saturarlo.
2. Embutidos delicados
Jamón, paleta, lomo o salchichón suave. Aportan sabor sin dominar toda la tabla.
3. Quesos semicurados o curados
Aquí empieza a subir la intensidad. Son perfectos para combinar con pan, frutos secos o membrillo.
4. Embutidos más potentes
Chorizo, cecina o piezas con más grasa, especias o curación.
5. Conservas gourmet
Anchoas, mejillones, zamburiñas, berberechos o sardinas. Tienen personalidad y merecen protagonismo.
6. Quesos intensos o azules
Mejor al final, porque su sabor puede tapar productos más suaves si se prueban antes.




La regla del equilibrio: suave, graso, salado, ácido y crujiente
Una tabla perfecta no debe resultar plana. Necesita contrastes. Para que funcione, intenta que incluya estas cinco sensaciones:
Suavidad: quesos tiernos, pan, picos o productos menos curados.
Grasa: jamón, chorizo, queso curado o conservas en aceite.
Salinidad: anchoas, embutidos curados, aceitunas o conservas.
Acidez: encurtidos, pepinillos, cebollitas, piparras o algún toque cítrico.
Crujiente: pan tostado, regañás, frutos secos o crackers.
La acidez y el crujiente son fundamentales. Ayudan a limpiar el paladar y permiten seguir disfrutando sin que la tabla resulte pesada. Por eso una buena tabla no debería limitarse únicamente a embutido y queso. Las uvas, las nueces, las piparras, el membrillo, los panes crujientes o las conservas bien escogidas no son un simple acompañamiento: son los elementos que hacen que la experiencia sea más completa.




Cómo colocar los embutidos
Los embutidos deben colocarse de forma cómoda, visible y fácil de coger. No conviene amontonarlos demasiado, porque pierden presencia y se dificulta el servicio. El jamón o la paleta pueden colocarse en ondas suaves, ligeramente superpuestas, dejando que cada loncha respire. Una buena presentación del jamón debe mostrar su brillo natural, su grasa infiltrada y la finura del corte. El lomo funciona muy bien en abanico. El salchichón y el chorizo pueden colocarse en líneas curvas, pequeños círculos o zonas alternas para dar movimiento visual. Si hay mucho producto, es mejor crear pequeños grupos repartidos por la tabla en lugar de concentrarlo todo en un único montón.
Un buen truco profesional es no juntar todos los productos más grasos. Si separas chorizo, jamón y queso curado con pan, encurtidos, uvas o frutos secos, la tabla resulta más equilibrada y agradable de comer.





Cómo ordenar los quesos
Los quesos deben ir siempre de menor a mayor intensidad. Además, conviene cortarlos de forma distinta según su textura🧀
Los quesos blandos o cremosos pueden servirse en piezas más grandes, acompañados de un cuchillo pequeño. Los semicurados funcionan muy bien en triángulos, bastones o dados. Los curados pueden presentarse en lascas, cuñas finas o trozos irregulares, que aportan una sensación más artesanal.
Evita colocar un queso muy intenso en el centro de la tabla si va a dominar el conjunto. Es mejor situarlo en un lateral o al final del recorrido de sabores.
Un orden recomendado sería:
Queso suave → queso semicurado → queso curado → queso intenso
Entre ellos, coloca elementos que ayuden a limpiar el paladar, como uvas, frutos secos, pan, membrillo o encurtidos.
El queso, además, agradece mucho los contrastes. Un queso curado con membrillo y nuez ofrece dulzor, salinidad y crujiente. Un queso cremoso con anchoa y pan tostado aporta un bocado más salino y elegante. Y un queso semicurado con lomo resulta suave, fácil de comer y perfecto para compartir.





Las conservas: protagonistas, no relleno
Las conservas de calidad no deben esconderse. Son uno de los puntos más especiales de una tabla y merecen su propio espacio.
Las anchoas combinan muy bien con pan crujiente, queso suave o tomate. Los mejillones aportan color y un punto de escabeche que equilibra embutidos grasos. Las zamburiñas o los berberechos dan un toque marinero perfecto para una tabla más completa.
Lo ideal es presentarlas en pequeños cuencos, platos bajos o incluso en la propia lata si es bonita y está bien cuidada. Eso sí, siempre con un pequeño tenedor o pincho para que sean fáciles de servir.
No coloques las conservas demasiado cerca de panes delicados o crackers, porque pueden humedecerlos. Mejor situarlas junto a elementos resistentes o en recipientes separados.
En una tabla bien pensada, las conservas no aparecen como un añadido improvisado, sino como una parte más del recorrido de sabores.




El pan: base, acompañamiento y herramienta
El pan no está para rellenar huecos. Es parte de la experiencia.
Una buena tabla puede incluir varios tipos:
Pan fresco, para embutidos y quesos.
Pan tostado, para conservas y bocados con aceite.
Picos o regañás, para aportar crujiente.
Crackers neutros, para quesos cremosos.
Lo ideal es colocar el pan en los bordes de la tabla o en una cesta aparte. Si pones todo el pan encima, ocupará demasiado espacio y puede absorber humedad o grasa.
Un consejo importante: no uses panes con sabores muy fuertes si la tabla ya tiene productos potentes. El pan debe acompañar, no competir.




Decoración comestible: bonita, pero útil
Una tabla no necesita decoración artificial. Lo mejor es usar elementos comestibles que aporten color, textura y sabor🍇
Funcionan muy bien:
Uvas, porque refrescan y combinan con quesos.
Higos o frutos secos, que aportan dulzor y textura.
Nueces, almendras o avellanas, para sumar crujiente.
Aceitunas, por su salinidad y color.
Piparras o pepinillos, para aportar acidez.
Membrillo o mermelada, perfectos para quesos curados.
Tomates cherry, por su frescor y color.
Romero o tomillo, como toque aromático, siempre sin recargar.
La decoración debe ayudar a leer la tabla. Puedes usar uvas o frutos secos para separar quesos, encurtidos para cortar zonas grasas y pan para crear caminos visuales.
Cuando se hace bien, cada elemento tiene una función. No se trata solo de que la tabla sea bonita, sino de que sea más fácil y agradable de disfrutar.





Cómo distribuir la tabla para que resulte atractiva
La composición importa. Una tabla bonita suele tener movimiento, alturas y contraste de colores.
Empieza colocando primero los productos grandes: quesos, cuencos de conservas, membrillo o aceitunas. Después añade los embutidos. Por último, rellena los huecos con frutos secos, picos, uvas o encurtidos. Evita que todo quede demasiado simétrico. Una tabla perfecta no tiene que parecer rígida; debe verse abundante, natural y apetecible.
Una distribución sencilla podría ser:
Centro: producto protagonista, como jamón, una selección de quesos o una conserva especial.
Laterales: quesos y embutidos ordenados por intensidad.
Esquinas: pan, picos, frutos secos o encurtidos.
Huecos: uvas, nueces, aceitunas, tomate cherry o membrillo.
El objetivo es que cada persona pueda servirse sin desmontar toda la tabla.




Combinaciones que nunca fallan
Estas combinaciones funcionan muy bien si quieres montar bocados seguros:
Queso suave + anchoa + pan crujiente
Un bocado salino, elegante y equilibrado.
Jamón + pan tostado + tomate
Clásico, sencillo y siempre apetecible.
Queso curado + membrillo + nuez
Contraste dulce, salado y crujiente.
Chorizo + encurtido
La acidez limpia la grasa y hace el bocado más ligero.
Mejillón en escabeche + patata chip o pan crujiente
Sabroso, divertido y con mucho contraste.
Lomo + queso semicurado
Suave, fácil de comer y perfecto para compartir.
Berberechos + limón o piparra
Fresco, ácido y marinero.




Qué evitar al montar una tabla de embutidos
Una buena tabla también se construye evitando algunos errores:
👉No mezcles productos muy húmedos con panes crujientes.
👉No pongas todos los sabores fuertes juntos.
👉No cortes los quesos demasiado grandes si son intensos.
👉No llenes la tabla hasta que sea incómoda de servir.
👉No uses decoración que no se pueda comer o que moleste.
👉No sirvas embutidos y quesos recién sacados de la nevera.
👉No pongas una conserva potente junto a un queso delicado.
Pequeños detalles como estos hacen que una tabla pase de correcta a memorable.




Temperatura y momento de servicio
La temperatura cambia mucho la experiencia. Los embutidos y quesos necesitan unos minutos fuera de la nevera para expresar mejor sus aromas y textura. Lo ideal es sacar los quesos y embutidos un poco antes de servir. Las conservas pueden servirse frescas o a temperatura ambiente, según el producto, pero nunca demasiado frías si queremos apreciar bien su sabor. El pan y los picos deben añadirse al final para que se mantengan crujientes. Una tabla preparada con buenos productos, bien cortados y servidos a la temperatura adecuada, siempre marca la diferencia.




El valor de una tabla bien hecha
Una buena tabla de embutidos es mucho más que una selección de productos. Es una forma de compartir, de abrir una comida, de acompañar una conversación y de disfrutar sin prisas.
En Jamonería La Encina cuidamos cada detalle: el corte, la presentación, la combinación de sabores y la calidad de cada producto. Tanto en Jamonería Santa Cruz como en Jamonería Santa Cristina, encontrarás opciones pensadas para quienes disfrutan del buen jamón, los embutidos, los quesos, las conservas y las tablas preparadas con mimo👌
Porque una tabla bien montada no se improvisa: se compone, se equilibra y se disfruta. Puedes encargarlas o disfrutarlas en nuestros dos locales:
📍Jamonería La Encina en Santa Cruz
Plaza de Exilio, nº 6, Porto de Santa Cruz, Oleiros, A Coruña.
📍Jamonería La Encina en Santa Cristina
Av. Santa Cristina nº 6, Oleiros, A Coruña.






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